Cuida de tu mente

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¿Sabes por qué es peligroso ver la pornografía? El Señor Jesús dijo:

 Ustedes han oído que se dijo: “No cometas adulterio.”Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón. (Mateo 5: 27-28) (NVI)

Un hombre vive como piensa y si no aprende a controlar sus deseos, no tardará  en cometer los pecados que ha estado pensando, porque como está escrito en la epístola de Santiago:

…. cada uno es tentado cuando sus propios malos deseos lo arrastran y seducen. Luego, cuando el deseo ha concebido, engendra el pecado; y el pecado, una vez que ha sido consumado, da a luz la muerte.  (Santiago 1: 14-15) (NVI)

Así es como el justo Job dice que actuó no cometiendo adulterio en su corazón:

Yo había convenido con mis ojos no mirar con lujuria a ninguna mujer. (Job 31:1) (NVI)

Job también dijo:

Si mis pies se han apartado del camino, o mi corazón se ha dejado llevar por mis ojos, o mis manos se han llenado de ignominia, ¡que se coman otros lo que yo he sembrado, y que sean destruidas mis cosechas! Si por alguna mujer me he dejado seducir, si a las puertas de mi prójimo he estado al acecho, ¡que mi esposa muela el grano de otro hombre, y que otros hombres se acuesten con ella! (Job 31:7-10) (NVI)

El adulterio es un pecado horrible y el Señor Jesús dijo:

 Por tanto, si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te hace pecar, córtatela y arrójala. Más te vale perder una sola parte de tu cuerpo, y no que todo él vaya al infierno. (Mateo 5:29-30) (NVI)

El corte de la mano o sacar el ojo no va a resolver el problema de la inmoralidad, que comienza en la mente. El Señor Jesús utiliza esta hipérbole, la exageración intencionada para mostrar qué grave es el pecado de adulterio, y que trae un castigo eterno después de ella.

Has un pacto con tus ojos para no ver pornografía y cualquier cosa que provoca tu mente al adulterio.

Traducido por Tatiana Cioconari